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Transgresión ¡no te mueras sin decirme a donde vas!

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Es mejor quedarse quedar callado y pasar por tonto que abrir la boca y confirmarlo, decía Marx…Groucho y grosso.

Sentencia que una columna, aunque sea escrita y no audible, debiera poder contrastar.

Debiera saber transgredir.

Si es que se sabe que es transgredir.

Menem por ejemplo, no transgredía en absoluto. Por el contrario era la pura encarnación de lo establecido. Sólo que, como mentía, sencillamente decía una cosa para significar otra. Y, además y por el mismo precio, para hacer otra. Otra muy otra.

Aunque esto se me podría discutir.

Porque si la más elemental definición de transgredir es actuar en contra de una ley, norma, pacto o costumbre, Carlos Saúl sí que era un transgresor.

Si el ejemplo fuera: "fue expulsado por transgredir los principios morales más elementales", ya no tanto: se fue extinguiendo, más bien.

Por los sinómimos, conculcar, infringir, contravenir, quebrantar, vulnerar, violar, desobedecer, y por los antónimos, cumplir, respetar, volvería ser un transgresor.

Como tantas otras palabras, a veces son usadas por su reverso, por su antinomia. Así como detentar, no es obtener un cargo, sino usurparlo;
así como enervar no es endurecer algo, sino tornarlo blando y estéril.

Pero los argentinos sí que tenemos alguien que transgredió y bien en serio.

Tanto que transgredió desde su nacimiento, siendo dos al mismo tiempo.

Uno mortal, el otro no. El inmortal renunció a vivir eternamente, si el otro no tenía la misma posibilidad. El arreglo fue así, se dijeron los gemelos: pasamos los dos seis meses en el infierno, y pasamos los dos los otros seis meses en el cielo.

Así arreglaron las cosas Castor y Polux en la mitología griega y en la constelación de los mellizos.

Así se arregló con su origen geminiano, el recientemente desaparecido Dalmiro Sáenz. Como dice la canción de Patxi Andión, “se va el maestro del pueblo”: murió el pasado domingo, día del maestro. 

Cuando nación porteñamente (1926) eran tiempos agitados, tiempos violentos, tiempos violentamente dulces… pero sólo para los yanquis capaz que fueron los roaring tweintys (los rugientes ´20). Tiempos agitados. Pero agitados de charleston primero y de depresión después.

Para nosotros, para el mundo, porque el resto del mundo son ellos porque después de todo EEUU empezó con un país sólo (como ironizaba el humorista brasileño Millos Fernandes en la histórica revista “Crisis” de Galeano y Sarlanga), os tiempos agitados, de cambio,revolucionarios , transgresores fueron l os 60 y los 70.

Jacques Brel, belga que no francés, lo sintetizó en una sola frase: “El mundo muere por falta de imprudencia”

Tiempos de Mayo Francés y Cordobazo cordobés.

Donde el status quo, el establishment, lo establecido, crujía. Con el arriba nervioso y el abajo que se mueve, cantaban los Olimas.

Y avanzaba, parecía que inconteniblemente, la transgresión. 

Las obras de Dalmiro Saénz fueron para algunos excéntricas, para otros provocantes, pero siempre instaladas en un amplio espectro que podía incluir lo frívolo y lo vulgar, lo político y lo social, lo religioso y lo filosófico, la intimidad y la exposición. Si hasta sus colaboraciones fueron confundidoras hasta la transgresión: de Armando Bo e Isabel Sarli a Torre Nilsson, de Chiche Gelblung al Dr. Cormillot (a la última habría que analizarla ¿no?) 

Dalmiro Saénz fue pre transgresor.

Porque lo fue desde cuando era aún, un espermatozoide.

Y desde cuando, le escribió una carta a su futura ex mujer. 

Dalmiro Saénz que murió esta semana, hizo las dos cosas, y en lugar de perdonar, transgredió 70 veces 7. 

Una de las características del hombre contemporáneo es la del miedo de tener miedo, dijo Dalmiro. 

Y antes de rogar, “transgresión, no te mueras sin decirme adonde vas”, acordate que si tenés miedo de tener miedo, el establishment te puede ganar hasta sin audiencia.

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