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Tomar partido

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

El gran Oliverio Girondo decía que lo cotidiano nos teje, diariamente, una telaraña en los ojos.
Quizás por eso alguna otra vez, Yupanqui dedicó: para el que mira sin ver.
Entonces, sin telarañas en los ojos se mira, viendo.
Y lo que se ve es que los genocidas argentinos han sufrido ayer lapeor derrota de su cruzada criminal.
Y, según el ex Juez Federal Carlos Alberto Rozansky, la han perdido parasiempre.
“Se trata de aquella que ni siquiera la influencia de los vínculos primarios pudo evitar. Un grupo importante de sus hijos dio un ejemplo único en la historia. No hay antecedente alguno en el mundo, en el que los hijos de genocidas renieguen de sus padres y se manifiesten en forma de colectivo público y militante. Quienes se llaman a sí mismos “desobedientes” hicieron un aporte gigantesco en el camino de la memoria. Mediante un proyecto de ley, proponen –y van a lograr–, terminar con dos normas que, desde el Código Procesal Penal Argentino, los reducían al silencio, prohibiendo que hijos y familiares directos denuncien a sus padres por delitos, salvo que fueren cometidos contra sus propios descendientes. Tampoco les permitían testimoniar en su contra con la misma excepción. Hoy, un grupo muy particular de esos ciudadanos, interpelan, como nunca se hizo, al Congreso de la Nación Argentina".
Porque, como afirmó el escritor rumano, sobreviviente del holocausto y Premio Nobel de la Paz, Eli Wiessel, “ante la atrocidad hay que tomar partido”.
Que es lo que les piden los jóvenes, según el ex juez federal, a los legisladores. “Recuerdan a cada diputado y a cada senador su derecho visceral a formar parte de una sociedad de paz, de verdad y de justicia, que repudia a los mercenarios del mercado y la violencia y a quienes aun siendo sus progenitores -y tal vez con más razón, por eso mismo-, tienen derecho inalienable a denunciar. Y los legisladores deben escuchar. Porque, el Congreso de la Nación no puede mirar para otro lado. No pueden nuestros representantes desoír el desgarrador reclamo de quienes, superando enormes obstáculos, eligieron la vida por sobre la muerte, la mentira y la infamia. En esta encrucijada no importa el apellido que tengan o hayan tenido, importa su sensibilidad y empatía, su enorme valentía y ejemplo de cómo, desde espacios tan brutales, han tomado la decisión de reclamar”.
Los jóvenes ya han atravesado largos y demasiados años de mandato de silencio y de negación, y ahora han comprendido que callar o negar la atrocidad es una forma más de convalidarla.
Y así como se suele decir con cierto paternalismo autoritario y de pretendida superioridad, sepa el pueblo votar, se verá ahora, en este y otros casos, si el Congreso y los legisladores saben hacer honor a los votos que los han puesto allí para que evitar quizás algo peor que aquello de hecha la ley, hecha la trampa: la trampa de la ley.
Porque así como existió la macabra obediencia debida, es ya es tiempo de la obediencia de vida.
O, mejor aún.
Obedecer la desobediencia para honrar la vida.
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