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Todos hablan y se gritan y ninguno sabe nada

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Cada vez que ocurren cosas que ahora se denominan impensadas -en este país, ¿mi país, tu país, nuestro país?, todos los días- debiéramos pensar en realidad si es que están ocurriendo o si los que estamos ocurriendo somos nosotros mismos.

En su obra El escarabajo de Wittgenstein, Martín Cohen describe 25 experimentos mentales, a los que define genéricamente diciendo que “al igual que los que se realizan en el laboratorio, son pruebas que se conciben con el fin de explorar (o de destruir) las intuiciones que tenemos sobre el funcionamiento del mundo”. 

Si además nos enteramos que toda la ciencia moderna se sustenta sobre los modestos cimientos que establecieron media docena de ellos, parecería lógico prestarles suma atención.

Sólo que… la lógica es lo opuesto a un experimento mental. 

Por poner sólo un ejemplo, digamos que Gottlob Frege, fue un lógico y filósofo del lenguaje muy testarudo que evitó usar la técnica del experimento mental, defendiendo en su lugar la supremacía de la lógica. Sin embargo, escribe Cohen, “al enfrentarse con la extraña paradoja del barbero al que se le ha ordenado cortar el pelo a todos aquellos que normalmente no se lo cortan a sí mismos, como parte de una norma civil contra los ciudadanos melenudos (¿que debía hacer con su propias greñas?) tuvo que reconocer la importancia de esta técnica.”

Trasladando arbitrariamente esta paradoja a las, entre nosotros plurales, es decir a nuestra actualidad, quizás sólo podríamos arribar a otra.

Que, aunque siendo por un lado conclusión y por otra principio de un camino por el que estamos transitando, quizás nos serviría para saber si estamos (todos) creyendo hablar de lo mismo, cuando en realidad parecemos estar aludiendo a cosas opuestas.

La paradoja resultante ya fue escrita en forma de canción: “Tranquilo, nomás tranquilo, la cosa no está muy clara, todos charlan y se gritan, y ninguno sabe nada”, por nuestro Chango Rodríguez.

Y en forma de poesía: “(mientras estaba) Buenos Aires de niebla y de silencio, el Barrio Norte tras las celosías encargaba a París rayos de sol”, por María Elena Walsh, a la muerte de Evita

Mientras decidimos si esta encrucijada nuestra de estos (todos los) días, es un punto de llegada terminal o una nueva partida a la que parecemos condenados, no estaría mal hacernos un capicúa, con el título que nos regaló el Chango: Todos charlan y se gritan y ninguno sabe nada.

Al que para quitarle lo paradojal, (y lo capicúa, puesto que estas líneas no empezarían y terminarían igual) habría que agregarle lo que escribiera el gran vasco Pío Baroja: “Están los que no saben, los que no quieren saber, los que odian saber, los que sufren por no saber, los que aparentan que saben, y los que viven gracias a que los demás… no saben”.   

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