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Patria chica… así de chiquitita

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Si lo querés en griego, efemérides significa “diario"; si lo preferís en latín, es “calendario” o “narración de cada día”. Con sus respectivos antónimos: eufemérides, cuando se dice popó en lugar de mierda, disfemérides cuando se dice pedo por flatulencia.

Ahora que, con más vuelo, en el ámbito astrológico y astronómico, una efeméride es una tabla de valores que muestra las posiciones de los objetos astronómicos en el cielo en ciertos momentos y esta posición es simbolizada, para la astronomía, en forma de coordenadas polares esféricas, y para la astrología en longitud, se podría hablar de tiempo sideral.

Y sideral es lo que separa, el nacimiento de Córdoba y el de la Patria.

No sólo en tiempo y distancia.

En significado y sentido.

Porque en tiempo y distancia hemos retrocedido desde la Patria Grande a la Patria Chica, no sólo de continente a provincia sino de continente a contenido.

Y a su vez, en cada una de ellas ha existido un retroceso.

Di Meglio, historiador-divulgador sostiene que en lo suramericano convendría poner en claro si lo que se desea es “avanzar hacia una unión a la europea, con predominio del sector financiero y una laxa construcción identitaria, o ir en cambio a una suerte de confederación sin coordinaciones generales pero con acuerdos económicos y solidaridades defensivas ante conflictos con otros bloques, o avanzar, como quieren otros, en la construcción de una suerte de nueva nación, la Patria Grande, que aglutine a las naciones como componentes, del mismo modo que éstas crearon una identidad que unificó a distintas provincias y que éstas hicieran lo propio con pueblos en su interior.”

En algunos lamentables, fatídicos años, esas opciones, esos distintos modelos no existieron, reemplazados por una unanimidad creada por las “omnipresentes repúblicas oligárquicas y agroexportadoras de fines del siglo XIX o con las abundantes dictaduras militares de los años 60 y 70 del siglo XX”.

Y bien se podría decir que la histórica, la hasta utópica si querés, fue representada, cuasi fundada y archi luchada por los bien llamados “padres de la patria”, que bien podríamos resumir en Artigas y Bolívar.

Como tampoco sería desacertado afirmar que la actual, la que se perfila, hacia la que se apunta, se jibarizaría a la primera de las opciones: una especie de unión europea con predominio del sector financiero y una laxa construcción identitaria; más matria que patria, pues prácticamente ha sido, está siendo, parida por el gran país del norte y sus vástagos, asalariados de nuestra triste vecindad.

Manuel Baldomero Ugarte (1875-1951), escritor maldito según Jauretche para que la profundidad y agudeza de sus pensamientos no fueran conocidos e internalizados, fue quien luego de un viaje a los Estados Unidos a finales del siglo XIX, advierte la vocación expansionista y colonialista de ese país, y recrea con precisión el término Patria Grande, para algunos quizás influenciado por la idea de León Trotsky sobre los Estados Socialistas de América Latina.

En aquella época a lo grande se oponía, paradójicamente desde el lenguaje, el panamericanismo que sólo quería convertir a los estados en aisladas Patria Chicas, ahora llamado Alianza del Pacífico luego de que el ALCA se fuera adonde lo mandó Chávez, colgado políticamente y ahora descolgado como retrato de la Casa Rosada.

A Córdoba no le costaría integrarse a ese mapa político, como una patria chiquitita así, dentro de un país achicado de todo… menos de pobres.

Llamada alguna vez “rostro anticipado del país”, los ha parido sinónimos como peronistas y radicales en el gobierno desde el retorno de la democracia (y confieso que me resisto dificultosamente a las comillas y que no sabría cuanto debieran abarcar) y antónimos como Cordobazo con el pueblo en la calle y el Navarrazo con los tanques en el gobierno.

Irónicamente, podríamos decir que el Río Primero, primero se llamó Suquía y después se llamó Primero; que la sede de la Reforma Universitaria convirtió colegios en shoppings; que Willington es santafesino, Nilo Neder santiagueño, Carlos Alonso mendocino, Fernando Fader francés aporteñado, Spilimbergo porteño, directamente, y de ellos nos ufanamos.

Seriamente, a Tosco, Atilio, Obregón, Sonia Torres, Carolina Scotto, y tantos otros, ¿nos los merecemos?

¿O ya serán como el 6 y el 9 de Julio más eufemérides o disfemérides, que efemérides?

¿Tendrá razón James Joyce en el Ulises, “Ya que no podemos cambiar de país, cambiemos de tema”?

¿O John Dos Passos: “Podéis arrancar al hombre de su país, pero no podéis arrancar el país del corazón del hombre”?

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