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Medir las palabras

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

1. Si las comparaciones fueran odiosas, no podríamos medir las
 
2. consecuencias de lo que afirmamos…¡bah!, ¡no podríamos medir nada!...
 
3. En Sèvres se encuentra la sede de la Oficina de pesas y medidas, en la
 
4. que se guardan el metro y kilogramo patrón. Sin comparar tal patrón con
 
5. el objeto a medir, no sabríamos ni el peso de nuestros argumentos, ni
 
6. la distancia que pueda separarlos de la verdad. Y esas son cuestiones
 
7. tan delicadas como las porcelanas de… Sèvres. Por tanto ya que se
 
8. dice que las elecciones del pasado domingo 22 marcarán una nueva
 
9. etapa en nuestro país, comparemos sin odiosidades las líneas que
 
10. ocupaban este espacio hace apenas un añito, con tal afirmación. Esto
 
11. decían: Wittgenstein afirmaba que “de lo que no se puede hablar, es
 
12. mejor callar”, porque, “los límites del mundo, son los límites del
 
13. lenguaje.” Valdrá también para las fantasías, por caso las de Wells y
 
14. las de Coleridge?. En “La máquina del tiempo” de Wells, el narrador
 
15. viaja a un porvenir muy remoto. De ese futuro trae una flor marchita; al
 
16. regresar él, esa flor no ha florecido aún. Por su parte, Coleridge se
 
17. azora: “Si alguien atravesara el paraíso y le dieran como prueba de
 
18. su pasaje una flor y se despertara con una flor en la mano entonces
 
19. ¿qué?”. Lo de Coleridge soportaría la jibarización de que el paraíso es
 
20. solo un sueño (aunque ¡flor de sueño!). Y lo de Wells, que el presente es
 
21. mejor que el futuro…aunque una aplicación a la realidad actual arrojaría
 
22. una desesperanza como la de la canción irónicamente titulada “Todo a
 
23. mi favor” en la voz de Baglietto: “tengo esperanza, no las pierdo
 
24. porque soy un ganador, pero creo que este año me irá peor.”