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Magnífico es esdrújulo

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Alguna vez Gustavo Ceratti acertó más fuera del pentagrama que dentro de sus canciones: un uruguayo es un argentino umplegged, rubricó. Conviniendo que la sustitución de argentino por porteño, mejoraría la definición notablemente, más lo haría el saber que, si por Artigas hubiera sido, nosotros también seríamos charrúas, la sangre que se almorzó a Solis.
 
“Yo, José Gervasio Artigas, argentino de la Banda Oriental” estampó donde y cuando ya no hay tiempos para mentir: en su testamento.
 
Pero no lo fuimos, no lo somos.
 
Quizás por eso carecemos de la posibilidad cierta de ser agudos, graves y esdrújulos al mismísimo tiempo. Y no sólo: haciendo que lo parece mera forma, sea ciertamente fondo.
 
También no solamente, porque los Galeano, los Onetti, los Olimareños y los Benedetti no agotan la hipotética lista.
 
El reciente ingreso de Daniel Viglietti al Uruguay que “no es un río, es un cielo azul que viaja”, los congrega, reúne y representa: grave, agudo y esdrújulo.
 
Grave en “El Chueco Maciel”, cuando el canteligrense que asaltaba bancos y “como antes el hambre, reparte el botín” cae abatido por lo que Los diarios publican que son dos balas, pero “ son diez o son mil, mil ojos que miran, mil ojos que miran desde el cantegril.”
 
Agudo en “A desalambrar”: “Yo pregunto si en la tierra nunca habrá pensado usted, que si las manos son nuestras, es nuestro lo que nos den.”
 
Esdrújulo en…esdrújulo, pero nada perogrullesco: “Se trata cósmicos de ser más fértiles, de no ser tímidos, de ser más trópicos, de ir a lo pálido, volverlo térmico, sentirse prójimo de lo más lúdico, con verdes lápices trazar el ámbito de lo que mágico rompe los límites, buscar lo hidráulico de lo volcánico, librar la métrica, cambiar de sílabas. Y con elásticas formas anárquicas tocar lo afónico que suene homérico, fundar metáforas, crear la hipótesis de que lo asmático se vuelva oxígeno. Situar la brújula al sur paupérrimo, armar las síncopas contra los déspotas, cambiar la tónica por una séptima, tocar en triángulo sones esféricos. Y a los dogmáticos tan poco orgásmicos, casi ni eróticos de ser tan púdicos, a esos acríticos de sesgo andrógino decirles "gélidos, no sean retrógrados".Y con armónicos cantar bien nítido contra lo frígido luchando tórridos, con armas múltiples llamando cálidos fondos oceánicos de lo más lúbrico. El ritmo cíclico del vals esdrújulo es cual la sístole que va a la diástole, todo cardíaco de andar eufórico, nada presbítero, más bien sacrílego. Amando nínfulas que sueña grávidas, el vals acróbata cruza los vértices llamando gráciles criaturas prístinas, seres prolíficos de lo aún inédito. Y a los arácnidos volverlos líricos y a sus ejércitos juzgarlos rápido mediante un árbitro de juicio ecuánime que encierre en cárceles impunes pérfidos. Y los políticos de gesto tránsfuga, los impertérritos, los siempre cómplices caerán patéticos en lo espasmódico cuando lo enérgico les corte el tránsito.Con lo poético del vals arrítmico, que está en lo crítico de sus propósitos, no pueden síncopes ni golpes fúnebres, ni es por patíbulos que quede acéfalo. Ni es por trifásicas que olvide históricas luchas titánicas por lo inalámbrico, por lo que ubérrimo se alza eufórico y anuncia próximos cambios históricos. Cuando el pobrísimo tome las cúpulas y los famélicos tomen las Áfricas y los indígenas tierra amazónica y los mecánicos tomen las fábricas y los utópicos salgan del prólogo y los daltónicos pinten lo nítido y los chuequísimos bailen de júbilo ya lo terrícola será libérrimo.”
 
Magnífico es también esdrújulo, maestro grave y agudo!
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