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Los globos explotaron en diciembre: ¡Pero ellos siguen soplando!

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Por Guillermo Mariani

Se acabó la gente que, ingenua o cómplice, repetía con la prensa subordinada y mentirosa: “Hay que darle tiempo al Gobierno. En sólo dos años no se puede arreglar el País”. Primero dijeron que “en seis meses” ¡y  ustedes, señora y señor, inteligentes y de buen nivel, les creyeron! Y siguieron repitiendo “hay que esperar”... Y, otros  más agresivos, insisten aun con elocuencia de loros bien instruidos, viejos y con dura barba, en el gran invento del Lor mayor que se los hizo memorizar al pie de la letra: “Y qué querés... ¡Si se robaron todo!" Y, para ponerle humor con el fin de viralizarlo en las redes, le añadieron: "No se llevaron el obelisco, porque era muy grande”. Se trata de repetitividad infantil sin ningún ingenio u originalidad, pero que les gusta y repiten muchos señores y señoras "bien".
 
Hasta el 31 de diciembre a las 00 horas, muchos pudieron seguir creyendo: “Que el mundo entero nos admiraba; que en diciembre iban a aparecer 100.000 empleos de calidad para que ningún argentino quedara sin trabajo digno; que había que controlar, más que la inmigración, la avalancha de grandes firmas inversoras que se iban a atropellar unas con otras para establecerse en esta Argentina rica y milagrosamente ordenada; que estamos mal pero que vamos bien; que lo de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel se investigaría hasta el fondo (para premiar al único gendarme incriminado); que la tragedia del submarino con la confusión de las noticias oficiales y el ocultamiento de detalles muy importantes para llegar a la verdad de lo sucedido, fue “simplemente” una fatalidad; que no tenemos ni tendríamos presos políticos, sino perfecta libertad de pensamiento y expresión para madurar en la convivencia y el diálogo; que reinaría absoluta seguridad para andar por las calles, los grandes y los chicos, la familia unida;  que llegaría por fin la reivindicación de los jubilados siempre postergados en su retribución del trabajo de toda su vida (apropiándose con la reforma previsional de 100.000 millones de pesos de la Caja del ANSES); que el Gobierno prefiere el diálogo a las expresiones multitudinarias de protesta (que no escucha) y recurre a la represión desmedida, aduciendo que tenemos que construir “todos juntos” por las buenas o "por las Bullrich" esta Argentina nuestra (en parte); que las organizaciones obreras serìan respetadas como sostenedoras, con su trabajo, del bien de todos, lo más importante de nuestra sociedad; que la Justicia jugaría a la perfección su imparcialidad para condenar la corrupción sin privilegios para nadie (menos para los “de casa”) “si un juez no procede de acuerdo al criterio del Gobierno, se busca otro juez y listo”; que la economía se recuperaría íntegramente y el endeudamiento externo, concedido hasta ahora fácilmente, porque en el pasado fuimos buenos pagadores, facilitaría la solución de todos los problemas para que podamos conquistar lo que es máxima preocupación de este gobierno: “La POBREZA CERO”; que la inflación ya estaba dominada y con un tiempito más iba a disminuir notablemente, remediándose la suba desmesurada de los precios; que la industria nacional se iba a desarrollar empujada por la libre exportación que le haría competencia incitándola a producir más y mejor…
 
Todos esos globos llenos de aire y engaño, entretuvieron a muchos, pero han explotado y desaparecido como si nunca hubieran estado. Difícilmente se pueda encontrar alguno flotando airoso todavía por el cielo de las ilusiones...
 
Pasó diciembre y decir que, en realidad, eran promesas para diciembre 2018, sería una burla demasiado burda. Pero los “sopladores” siguen soplando, produciendo, para mejorar el panorama, 3.200 despidos en una semana y aumentando el personal desplazado con parientes y militantes fieles y seguros, construyendo delincuentes y haciendo presos políticos porque “pueden” ser corruptos y “pueden” escaparse del país. Milagro Salas, por ejemplo, podría tomarse un avión, con el dinero que “olieron” los perros en su casa y desaparecer sin dejar rastros, como De Vido o Boudou, o usted, que está leyendo algo que oficialmente no se puede hacer: pensar distinto, procurando salvar el sentido común que piensa que la convivencia debe ser sin trampas y la democracia con independencia de poderes. Siguen soplando con sonrisa malignamente ingenua y cultivando esa “globalización”, aunque los globos terminen en explosiones.
 
Pasó el 21 y con toda la provocación de violencia que fue la conducta de las fuerzas del orden en las dos últimas marchas multitudinarias, no se alzaron los mil hombres armados para impedir por las armas la aprobación de las leyes contra el pueblo. Pasó el 21 y se quedaron tranquilos gozando de sus vacaciones.
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