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Los dos Raimundo

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Borges, cuando se refería a alguien que no gozaba de su afecto, lo lapidaba con elegancia : “(fulano) tiene todo el pasado por delante”.

En estos tiempos que corren , la afirmación más que negativa al aludir a la ausencia total de algún aunque módico futuro, más bien rumbea para el lado de la nostalgia.

Esto se acentúa siempre, cuando alguien deja este mundo, y la nostalgia ocupa el lugar de la ausencia : la muerte de Raymundo Ongaro es uno de esos casos.

Las circunstancias actuales, y el rol que (no) juega el movimiento obrero organizado, resalta aún más su figura.

Los ex-gordos (limitando el ex a lo físico) miran para cualquier lado menos para el escenario donde ocurren los hechos (despidos, suspensiones, paritarias clausuradas) que debieran tenerlos como protagonistas, salvo alguna que otra declaración más de compromiso para zafar, que de compromiso de clase y para actuar.

Luego de la llegada de fondos frescos a sus obras sociales, la mirada equívoca y esquiva se convertirá en ceguera total y el murmullo discursivo en silencio en la noche aunque ya nada estará en calma.

Con Perón en el exilio esperando (¿sólo esperando?) para que lado se inclinaba el péndulo, la cúpula cegetista apoyaba el golpe de la “Morsa” Onganía, y, en el mejor de los casos, se encogía de hombros ante el cierre de fuentes de trabajo y hasta ante la represión.

Alguna medida económica dictada por los organismos internacionales, aupó un amago de Plan de Lucha que se esfumó apenas el dictador retiró la personería a un gremio y auditó otro.

La resistencia residía en el poco oído que se le prestaba al John William “El Bebe” Cooke a pesar del escrito del propio Perón.” “Por la presente autorizo al compañero doctor Don John William Cooke, actualmente preso por cumplir con su deber de peronista, para que asuma mi representación en todo acto o acción política. En este concepto su decisión será mi decisión y su palabra la mía.”

Y unas palabras finales que han dado y siguen dando mucho que hablar.

“En caso de fallecimiento, delego en el doctor don John William Cooke el mando del movimiento.”

Siguen dando que hablar, porque Cooke muere en 1968, Perón en 1974…

Y no es demasiado difícil suponer que la inversión cronológica de desapariciones quizás las hubiera evitado, porque seguramente muy otro hubiera sido el curso de las cosas y totalmente opuesto el rumbo de la historia.…

Pero volviendo al movimiento obrero, cuando el delegado de Perón ya era el Mayor Alberte, éste apoya la candidatura del gráfico Raimundo Ongaro, proveniente de un gremio históricamente combativo, al que se piiegan incluso otros gremios más tibios. 

La pluma de Rodolfo Walsh, acota Eduardo Jozami, plasamada en un “ semanario (que ) “ fue también el espacio más propicio para el acercamiento a la CGTA de muchos sectores sociales, políticos e intelectuales (…) convirtieron a la Central en el más amplio e importante espacio de oposición “al gobierno elegido por nadie”.”

La resistencia se convirtió en resurrección basada en las empresa destruídas por la dictadura, pero Ongaro cae preso junto con Tosco, aunque cuando el peronismo volvió al gobierno (¿alguna vez se tomará el poder?) fue reconocido como la figura central que había sido. 

Por su parte, el filme de Raimundo Gleyzer, (PRT-ERP) no se anda con vueltas desde su título: “Los traidores”.

El tema, historia y peli, mal pueden ser más que extrapolados, trasplantados automáticamente a nuestra realidad, por varias razones.

La primera es que una de las escenas principales es la de la reunión del entreguista Barrera con su par de la combatiente CGT de los argentinos, puesto que Barrera tendría que haber hecho un monólogo.

La segunda, porque aquella resistencia se ejerció contra un gobierno dictatorial “elegido por nadie” como se dice más arriba.

La tercera, que no es la vencida, es la similitud entre la actual dirigencia gremial, su actitud pasiva, y las medidas económicas aplicadas en nuestros días.

Y la última es que aquello de los dos Raimundo, ya es historia, y si ésta se repite como farsa, la que estamos viviendo no lo es.

A un drama le cuadra mejor el título de Gleyzer: “Los traidores”.

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 No me parece que este videogame sea sin duda el mas adecuado de
esta estirpe de todas formas divierte maravillosamente

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