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La Campaña del Desierto con Educación

lcrisafulli
Por Lucas Crisafulli
@LUCASCRISAFULLI

Se puede leer en un diario porteño de un remoto verano de 1879 “Hoy reparto de indios. A toda familia que requiera se le entregará un varón como peón, una china como sirvienta o un chinito como mandadero”.

Escrito tras las autodenominada "Campaña del Desierto", las fuerzas armadas argentinas a cargo del General Julio Argentino Roca habían asesinado a catorce mil nativos y había esclavizado a unos quince mil. Ya por 1813, la Asamblea había decretado la libertad de vientre, y la Constitución Nacional de 1853 había abolido para siempre la esclavitud, pero nuestra elite ilustrada entendía, a través de la importación de las ideas racista de Herbert Spencer, que los indígenas eran inferiores.

El plan de conquista hacia dentro del territorio nacional lo había ideado Domingo Sarmiento en su "Facundo", pero un año antes de la publicación de su obra cumbre, el padre del aula escribía para un periódico de la época: 

“¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”.

Para lograr el exterminio de los indígenas, no solo eran necesaria una arenga racista o una motivación ideológica. Por sobre todas las cosas, hacían falta financistas, que se beneficiarían en algo más que no ver a los "salvajes de América". Creada en 1866 por José Toribio Martínez de Hoz, bisabuelo del Ministro de Economía del dictador Jorge Rafael Videla, la Sociedad Rural Argentina fue quien dio los fondos necesarios al ejército para emprender la matanza de indígenas, no tanto motivada en fines ideológicos, sino más bien económicos. Según cuenta el gran Osvaldo Bayer, se repartieron cuarenta y dos millones de hectáreas entre mil ochocientos estancieros integrantes de la Sociedad Rural.

Bullrich fue otra de las grandes familias beneficiarias del reparto latifundista, familia que hoy cuenta con dos ministros en el gabinete nacional. Cuando en Argentina se narra el origen de la desigualdad, rara vez se cuenta esta historia.
No parece descabellado entonces que el Ministro de Educación, Esteban Bullrich haya pronunciado al momento de inaugurar el Hospital Escuela de Veterinaria de la Universidad Nacional de Río Negro la frase “Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero sin espadas, con educación”.

La utilización de la palabra desierto no es casual. En la Campaña del Desierto con la "espada" de ayer, las tierras eran pobladas por indígenas, que no eran considerados personas. En la campaña del desierto con "educación" de hoy, la Argentina son solo las grandes concentraciones urbanas. Por eso, no es de extrañar que, como explicación plausible el propio Bullrich dijera “Me refiero a ese proceso histórico, del avance en un territorio que no estaba conquistado, ocupado”.

Ya sea esclavizando indígenas, aumentando tarifas, inaugurando escuelas veterinarias o quemando cunitas, para la oligarquía todo acto con el otro es siempre a través de su conquista, pues para esta estirpe, la Patria es el Otro a colonizar.