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La calle, el pueblo, la poesía

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

La saga Zelaya, Lugo, Dilma, justamente lo es por el hilo conductor no sólo que las conjunta sino que las potencia.

Hace ya rato que los golpes llamados blandos (también lo son en el box los fulminantes ganchos al hígado, precisamente zona blanda) se diferencian de los clásicos militares del pasado, no en lo cuentro/incruento sino en la velocidad de sus producciones, pero resultan idénticas sus devastadoras consecuencias para toda una América Latina que parecía haber encaminado sus pasos hacia un futuro “de amor y paz”, cantaría Serrat.

La impresión de la desaparición forzada de la década larga y largamente ganada, oscila entre el asombro, el desconcierto, la impotencia, y la incredulidad.
Nano Barbieri resume bien los hechos que provocan tan desafortunado abanico de sensaciones (y realidades).

“O Globo en Brasil, Clarín en Argentina: las agencias del poder concentrado ganaron otra batalla que, como todas en América Latina, son continentales. La vieja receta: judicializaron la política, la vaciaron de contenido y nos pusieron a leer policiales. Cincuenta y cuatro millones de personas le ratificaron su confianza a Dilma en 2014, una alianza de 61 senadores la destituyó . Celebran la "paz jurídica", como acá se enaltece el regreso de "la república". Hay un mismo guión. Acá fue democrático, una derrota durísima a manos de las elites más retrógradas con apoyo masivo. Allá fue un golpe de estado y hay que decirlo con todas las letras. O Globo en Brasil y Clarín en Argentina celebran la restauración conservadora”

En semejante marco, la frase de Dilma “No digo adiós, digo hasta pronto” más parece una expresión de deseos que una posibilidad concreta.

Malgrado las diferencias entre los tres ejemplos citados, Honduras, Paraguay, Brasil, y las seguramente más altas y fuertes defensas de los posibles futuros blancos, Bolivia y Ecuador, los resultados marcan un retroceso hacia un conservadurismo que parecía ya muerto y enterrado.

Y si bien es cierto que entre sus avances y retrocesos, la Historia no vuelve sobre sus pasos hasta el extremo del punto inicial del proceso (con perdón), no lo es menos que idénticas estrategias de retorno al “poder” (y espero que las comillas sean lo suficientemente enfáticas) sólo producirían una nueva decepción y fracaso.

Bien lo explicitó Jorge Taiana del Movimiento Evita en el programa del “Gato” Silvestre, aludiendo a la necesidad de abolir liderazgos excluyentes y exclusivos y de reemplazarlos, basándose en su percepción del deseo social general, de una construcción más amplia y, en consecuencia, inevitablemente transversal.

Siendo como lo es, ha sido y ¿será? el peronismo, el tronco, por así decirlo, de la justicia social, los tiros no parecen ir por ese lado.

Hay, ostensiblemente, quienes se autoproclaman peronistas sin serlo y también peronistas de u n conservadurismo tal, que la actual ola restauradora les parece quedar a su izquierda.

Serán precisamente los militantes y dirigentes del FPV, del peronismo y de la izquierda destrotskizada por la aplanadara macrista, , quienes deberán constituir un corpus necesario e imprescindible, para que los proclamados republicanismos, federalismos y sinceramientos, se revelen como meramente declarativos, y fuertemente regresivos. 

Las próximas elecciones de medio tiempo, en las que los oficialismos suelen hocicar, podrán servir para que el gobierno comprenda que el callejón que ha construido no tiene salida, y que la oposición se plante realmente como tal.

Hasta ahora, aquella frase “con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes” parece haberse diluido en la nada total.

Visto la cabeza de (la mayoría) de los dirigentes.

La calle y las urnas dirán.

Mientras tanto ¿cómo siempre?, la poesía desnuda mejor el futuro y nos arropa el presente. 

La tomó Marcela Machado de Cinzia Ricciuti.

“Siempre odié las matemáticas.

Ahora veo que siempre he tenido la razón.

Me ha tocado usarlas para contabilizar la pobreza, para sumarle ceros al dinero que sólo compra hambre.

Restar a una cuenta bancaria que antes fue una casa. Calcular impuestos vampiros en un país de huida, viejo e infecundo.

Ver a seres humanos hacerse ceros a la izquierda en las estadísticas de la muerte.

Para contar los años de la barbarie, uno, dos, tres, cuatro, diecisiete de una juventud que se fue.

Multiplicar jóvenes en las mazmorras, sumar balas en la cabeza.

Proyectar fechas futuras que son números donde mis ilusiones finalmente dejarán de ser ilusiones para hacerse verdades.

Calcular husos horarios a destiempo.

Contar mis idiomas y no saber cuál usar.

Dibujar cuadrados, triángulos, rectángulos donde finalmente encajar.

Trazar círculos y caminar dentro de ellos en una sucesión infinita de kilómetros hacia ninguna parte.

Contar árboles, contar flores, contar golondrinas.

Al menos intentar matemáticas poéticas para no morir”.