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Hay que gritar

lcrisafulli
Por Lucas Crisafulli
@LUCASCRISAFULLI

(Texto leído con motivo de la presentación del libro de la Garganta Poderosa el viernes 18 de septiembre de 2015 en el marco de la Feria del Libro Córdoba en la sala Mayor del Cabildo Histórico de Córdoba).

Quisiera comenzar con una anécdota de una amiga cubana, Herminia. Herminia Rodríguez es filósofa formada en la ex Unión Soviética y actualmente ejerce y enseña periodismo en la Universidad de la Habana.

En una visita a la Cuba Revolucionaria, Herminia nos invita a su casa a tomar café. Éste sabía raro, no feo, para nada, pero con un sabor distinto. Cuando le pregunto si era el café Cubanacán que está incluido para todos los cubanos en su libreta de racionamiento (por el que pagan centavos y todos tienen acceso) me respondió que sí, y allí me cuenta la historia reciente de este café.

Durante el “Periodo Especial, o dicho en otros términos, durante los ’90, con la caída del bloque soviético y el asedio de Estados Unidos con su bloqueo genocida, en el que produjo una de las mayores crisis de la Revolución, los productos repartidos por el Estado cubano, por más buena ración que se hiciera de ellos, no alcanzaba para todos. ¿Y por qué no alcanzaba para todos? Porque los cubanos, en esa crisis decidieron seguir sosteniendo el acceso universal de toda la población al mejor sistema de salud del mundo, y a un sistema educativo que garantizara no igualdad de oportunidades como nos dice el capitalismo, sino oportunidades para todos, que es mucho más inclusivo.

Es por ello que el café no alcanzaba para que todos los cubanos tomaran sus tasas diarias. Así como en Argentina la infusión nacional es el mate, para los cubanos lo es el café. Quizás tan importante como su ron, aunque sospecho que este es aún más consumido.

Como el café no alcanzaba para todos, los cubanos decidieron mezclarlo con chícharo, que es como una arvejita, una semilla verde comestible que acá no tenemos. El café se tuesta conjuntamente con el chícharo para aumentar su volumen.

Herminia nos contaba esta historia con una gran naturalidad. Jamás pasó por su cabeza, o por la del resto del pueblo cubano, crear un mercado que decidiera quién puede tomar café y quién no. Mezclar café con chícharo era la forma para que todos los cubanos, todos, sin distinción, pudieran seguir tomando café. Quizás hubiera sido más fácil que el mercado decidiera quién toma café y quién no, pero lo que primó fue la solidaridad.

La historia pues, no se trata simplemente del café, sino que es la historia de un pueblo solidario.

Por fortuna, y militancia también claro está, Cuba pudo salir lentamente de ese periodo especial, y la solidaridad recibida por la Venezuela de Chavez y el resto de los gobiernos populares de la región aliviaron un poco a los cubanos.

Ustedes se preguntarán qué tiene que ver esta historia del café con chícharo con la Garganta Poderosa. Bueno, el libro de la Garganta recopila entrevistas a personajes célebres que muestran una faceta de su vida desconocida o no mostrada por el periodismo mainstrem. La calidad periodística es muy alta, pero quizás lo más emocionante es la pasión y la ética profesional que los fotógrafos y periodistas le imprimen a cada nota.

Todas son entrevistas esenciales pero quizás por una cuestión más personal, la que me caló los huesos hasta las lágrimas fue la que los periodistas Alejandro Fernández, Paola Vallejos y la fotógrafa Romina Rosas le hicieron a Diego Maradona.

¿Qué dice el astro del fútbol? “En la villa hay gente que se levanta tempranísimo para ir a trabajar, que la rema, que pide prestado, pero nadie informa sobre la libreta de nuestras villas, en la que te anotan un kilo de pan y lo pagas cuando cobrás el sueldo a fin de mes ¿Alguien hizo un informe sobre esa libreta, alguna vez?".

Y los periodistas, desde su más humano corazón agregan: “Tampoco vimos nunca un informe de televisión para contarle a la sociedad cómo hacemos los villeros para pagar el funeral de un familiar con la colecta comunitaria.”

La colecta comunitaria, la libreta para llegar a fin de mes, es el café con chícharo de los cubanos. Es la historia de la solidaridad jamás transmitirán ni por la CNN en Español con Cuba ni por TN Noticias con las villas argentinas. Entonces… ¿qué hacemos?

Entonces hay que gritar, bien fuerte, un grito gutural desde la garganta. Allí la importancia de este libro, de mostrar un montón de café con chícharo que las corporaciones mediáticas jamás van a mostrar.

La garganta es el grito rebelde de los fusilados y desaparecidos en democracia, no solo de los literalmente desaparecidos como Julio López o Facundo Rivera Alegre, sino también de aquellos olvidados, de los nadies según se lee en la entrevista a Eduardo Galeano, de los negros, según nos dice La Mona Jiménez en su nota.

Quizás sea desesperante pensar que el Estado cordobés se lleva un pibe cada siete minutos para aplicarle el Código de Faltas. Sí, en el tiempo que leí estas líneas un pibe fue chupado por la Policía. Y es chupado por su condición de nadie, su condición de olvidado, por su negrura. Desde allí creo que hay que pensar al Código de Faltas, como un mecanismo de desaparición, aunque sea por un par de horas, de esos nadies del escenario público.

¿Y qué hacer frente a esto? Los pibes de la Poderosa decidieron no hacer más un minuto de silencio por los desaparecidos, por los chupados por el Código de Faltas, porque un minuto de silencio por cada uno de los 73 mil detenidos nos llevaría una vida de silencio, y los chicos de la Garganta han decido gritar, cantar las injusticias, no para recibir el diploma de víctima, sino como una forma de empoderamiento. Su voz está acá, en el libro "Jóvenes y seguridad control social y estrategias punitivas de exclusión" y en cada una de las revistas en las que se grita el poder popular desde la garganta.

Cada pregunta cuidadosamente seleccionada es la voz de los que no tenían voz, de los silenciados por las razzias policiales, los allanamientos masivos, el código de faltas, el gatillo fácil y todo el poder punitivo del Estado. Es la voz de Kevin, pibe de nueve años asesinado por una bala perdida de las fuerzas de seguridad que, como bien dice con dolor la periodista Paola Vallejos en su nota aquí publicada, “¿nunca se van a preguntar por qué todas las balas perdidas se pierden en el mismo lugar?”.

Aquí hay otra mirada sobre las villas, no la de los medios hegemónicos que nos venden miedo para que compremos seguridad. No, es la mirada de la dignidad, de la dignidad de los nadies.

El libro de la Garanta Poderosa es una invitación para que todas, todos y todes, nos reunamos en una asamblea popular a compartir un café con chícharo.