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Deshumanizando

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Por Guillermo Mariani

Una frase perdida en un viejo librito piadoso y tradicional, llamado “imitación de Cristo” afirmaba: “Cada vez que volví de los hombres, volví menos hombre”. Quizás constituía una de las tantas apreciaciones pesimistas desparramadas en esas páginas, referida a la perversión del “mundo”, alejado de la disciplina eclesiástica. Pero creo que hoy, nosotros, argentinos del siglo XXI, estamos viviendo una realidad que merece ese juicio denigrante.

Estamos siendo testigos de afirmaciones, discursos, palabras, engaños, menosprecios, deformaciones de labor informativa, crueldades, e injusticias impunes, que nos permiten afirmar que, cada vez que escuchamos o somos testigos de lo que dicen y hacen nuestros gobernantes, nos deshumanizamos un poco más. Ya nos estamos acostumbrando a que las protestas y reclamos multitudinarios del pueblo, convocado espontáneamente por el crecimiento de sus necesidades alimentarias, culturales y sociales, sea recibido con una sonrisa despectiva del Sr. Presidente o miembros de su equipo. Acostumbrados a que la mentira forme parte constitutiva de la comunicación con el pueblo y sea fomentada sin ningún escrúpulo por la prensa monopólica y servil. A que la represión, sea el “diálogo” con los trabajadores o maestros que reclaman por la dignidad de sus salarios y su misión en la sociedad. A que los empresarios sostenedores del régimen cierren sus fábricas con despidos arbitrarios númerosos y sin indemnización ni perspectivas de futuros empleos. A resignarnos dócilmente a escuchar promesas repetidas y mantenidas con el recurso de la postergación en el tiempo (un semestre, fin de año, tres años al menos, tiempo incalculable…) como si el hambre o la enfermedad pudieran ponerse de vacaciones en la historia cotidiana de los trabajadores, los enfermos o los viejos. A la enajenación de nuestras independencias: económica, ideológica, territorial y patriótica. No nos impresionan ya, los millones en que nos endeudamos, y hasta creemos que ese dinero va a producir el renacimiento económico, cultural y de presencia en el mundo, para nuestra Argentina.

Pero la muestra, tremendamente dolorosa, de un país que vivió una dictadura con injusticias, desaparecidos, asesinados, torturados y exiliados, y pudo y supo renacer de esas cenizas para volver a dibujar la sonrisa en los rostros de sus habitantes, disminuir la pobreza, aumentar su prestigio en el mundo y sobre todo (lo que muy pocos pudieron hacer) NO DEJAR IMPUNES LOS CRIMENES DE LA DICTADURA Y CASTIGAR PARA QUE “NUNCA MAS” VOLVIERA A RPETIRSE ESA HISTORIA. La MUESTRA que estamos dando al mundo, con una mujer entregada al servicio de los más desamparados en la norteña Jujuy, que es víctima de la venganza desmedida y empecinada de un gobernante quien sin méritos sociales ni intelectuales fue convertido en poderoso por un gobierno enquistado en el capricho de un neoliberalismo-neodictatorial. Y más aún la desaparición forzosa de un luchador de la causa de los pueblos originarios, que reúne todos los detalles de un empecinamiento sostenido por la máxima autoridad y sus ministros Garavano y Bullrich, que urgidos por las preguntas angustiosas de los defensores de derechos humanos, los familiares y el pueblo, llegaron, en primer término, a negar -junto con los hechos testimoniados por numerosas personas que vieron a SANTIAGO MALDONADO aporreado por Gendarmería y arrojado al transporte con señalización oficial-, hasta la existencia de la persona secuestrada y quizás asesinada por los mismo agentes, por orden superior. Una actitud que se completó con el portazo de ambos ministros, abandonando la reunión convocada por las madres y los organismos defensores de los derechos humanos pidiendo información sobre el grave acontecimiento. La CIDH ha señalado ya la complicidad del gobierno de Macri, con el ocultamiento del secuestro, y la gravedad de las consecuencias que puede traer esta actitud criminal e hipócrita oficialmente sostenida. Ya no hay diferencias con los abusos de la Dictadura genocida. Ha reaparecido la desaparición involuntaria de personas y la actitud oficial de hipocresía desinformante.

¿Hasta cuándo?

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