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Decime que Enrique Angelelli vive

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Por Guillermo Mariani

Tras un largo proceso de maduración, el hecho del asesinato, durante la dictadura militar argentina, del obispo de la Rioja y ex auxiliar de Córdoba ha sido transformado por el Vaticano, de doloroso y atrevido crimen, en una declaración cuidadosamente estudiada que reconoce que la causa verdadera del descarado delito, ha sido “el odio sin medida contra de la fe cristiana”. Una fe cristiana profundamente humanizada vivida con generosidad y compromiso por el obispo cordobés.

Este es el sentido eclesial del reconocimiento del martirio. En el lenguaje de nuestra creencia cristiana, recibida con el mensaje y testimonio de vida de Jesús de Nazaret, ese testimonio no puede escindirse de la noción cristiana de resurrección. Una presencia nueva del espíritu que anima la creación y produce el crecimiento de maravillas que nos deslumbran a veces, ante la experiencia de que también ese espíritu, que continúa siendo creador, es contrarrestado por la malicia de los que al margen de todo lo que podemos llamar amor , (que es el único horizonte humano) continúan avanzando, buscando la única satisfacción que conocen, la de los egoísmos reconquistados, que reducen su objetivo a desalojar sin escrúpulos, logrando espacios para esa soledad sin protección ni solidaridad que van logrando implantar ,y poco a poco los va envolviendo, con lo que ellos mismos creen que manejan como “dueños de la fiesta”.

Entre la dos visiones que, andando el tiempo, se han fijado como elección de sentido de vida, entre los cristianos, hay que hacer hoy una distinción muy clara y simple. Una que podemos llamar, tradicional y mayormente conservadora (fijada muy firmemente en lo devocional e intervención divina heterónoma). Otra, que atendiendo a lo que el Concilio Vaticano II, Enrique Angelelli y el Papa actual, Francisco 1ro, afirman, podemos calificar como “ conciliar “ porque tiene detrás todo el espesor del razonamiento del Vaticano II. Un razonamiento que me atrevo a sintetizar en el título del libro de un teólogo contemporáneo “Humanización de Dios” de José María Castillo. Un libro que presenta el panorama de la gran misión de la vida y de la historia de construcción y cometido del ser humano responsable de esta tierra. El de compartir, por encima de todas las raíces individuales y grupales (contando con el indispensable respeto especialmente cuidado,) una experiencia de toda la riqueza evolutiva que, agrandando la visión hasta universalizarla, nos haga descubrir el ESPÍRITUque anima a un mundo que sigue creciendo y evolucionan- do. Que anima a cada hoja perdida entre las ramas, para que crezca y florezca en primavera y a cada organismo con toda su complejidad en el complejo milagro de la vida, que parece no sugerir ninguna presencia pero necesariamente la supone. Como a cada uno de nosotros distinto del otro en ínfimos detalles que, sin embargo está irremisiblemente unido y relacionado al todo, en el que(por decirlo de alguna manera) alienta el espíritu de la vida al que llamamos Dios,( pero podemos llamar de mi formas,) sin que ninguna lo identifique perfectamente y, por otra parte, sin que nada pueda develar del todo su misterio (del que participamos sin tomarlo en cuenta).

Enrique Angelelli vive, creo, esta resurrección de manera muy particular con esta “canonización” ,que se apodera de su vida para desparramarla como semilla fecundante para una historia que parece haberle dado la espalda al ESPÍRITUDEL AMOR.

El concepto de resurrección que manejamos tan fácilmente , como si se tratara de una repetición de algo que ya existió, no alude a una corporeidad como la que individualiza a cada ser humano.. La corporeidad, fijada en la imaginación de los discípulos con todos los elementos de una relación muy arraigada afectiva y familiar, no es repetición de la vida corporal transcurrida. Es presencia, con todas las características no biológicas pero conservando todos los efectos transformadores de la realidad. Y para quienes vivimos este recuerdo en nuestro ministerio y quienes han trasladado a su historia los valores con que se contagiaron acompañando a Enrique, es resurrección que legítimamente ha de llamarse así, con el argumento de los frutos producidos constantemente.

Así, aunque alguien no entienda nada de cristianismo puede penetrar ese sentido de presencia del sujeto de “canonización” que realiza en este período la Iglesia con nuestro Enrique Angelelli. No es extraño que se afirme de él que no tiene los requisitos que necesita un “santo en serio”. Porque, prescindiendo de toda profundización, simplemente, con humildad, silencio, caridad, perdón, mucha misa y sacramentos, renuncia a placer, voz baja, ninguna reacción de protesta…. muchos tienen configurado a un santo, aunque lo hayan deshumanizado.

Angelelli, no fue eso. Fue “humanización de Dios junto a la figura de Cristo” que lo llevó junto al pobre y al sufriente, para tratarlos como hermanos y al hombre en sociedad para renovar sus luchas por la justicia, que es deuda que nuestro sistema social (que transformamos en costumbre) no está acostumbrado a pagar.

La canonización, no coloca un santo en hornacina para que haga de cuña ante Dios y abunde en favores a sus devotos, sino para que cada uno sea para el otro la caricia del Padre.