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Debidas y de vidas

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

En la columna de la semana pasada calificábamos estos días nuestros de “tiempos tormentosos, que traen lágrimas a los ojos”, citando la vieja canción anónima de la Guerra Civil Español, probeta de la Segunda Guerra Mundial, comenzada a sangre y fuego por el histórico bombardeo a una población civil por la Legión Cóndor nazi, inmortalizada en el Guernica de Picasso.

Y apelando a la significativa frase de Mauricio Rosencof, escritor, dramaturgo y periodista uruguayo, que de dirigente del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), tras 12 años de cárcel llegó a Director de Cultura de Montevideo: “cuando uno cuenta los naufragios es porque no se ahogó”, vaya aquí un madero de esos que no sólo no sólo impiden que nos ahoguemos, sino que también pueden convertirse en tea que alumbre algún camino, alguna salida.

Porque precisamente la de Rosencof, es una de esas vidas que tienen historias debidas a las que alude el título junto a otras treinta que fueron extraídas, traducidas, del programa de televisión de Ana Cacopardo en canal Encuentro al formato de libro de conversaciones y testimonios que se presentó el segundo fin de semana de agosto en el Museo de Antropología de Córdoba.

Oportuno antídoto para la herida sobre herida que provoca y reabren declaraciones sobre la pretendida banalidad, imprecisión intencionada para quitarle dramatismo y hondura, de la cantidad de desaparecidos en la Argentina, y acerca de la forma machista más efectiva para hacer amor, asesinándolo.

En la contratapa del libro, Elena Poniatowska, periodista y escritora Premio Cervantes de Literatura, sostiene que la autora ha buscado comprender una época a través de la biografía sostenida por la memoria y los derechos humanos, calando hasta lo más íntimo.

Desde el inicial agradecimiento, el definir Ana “todos somos gracias a otros” nos remite a aquellas “Cartas del vidente” de Arthur Rimbaud”, en las que en “El corazón atormentado” escribe: “Yo es otro…” el desarreglo de todos los sentidos”. Y reitera y amplía “Yo es otro, tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes que pontifican sobre los que ignoran por completo!”.

Y de allí al enorme Macedonio Fernández no hay más que un par de pasos, medidas en páginas, literariamente, contenidos en su Autobiografía forma previa e indirecta al testamento y contemporánea al testimonio: “Hay un mundo para todo nacer, y el no nacer no tiene nada de personal, es meramente no haber mundo. Nacer y no hallarlo es imposible; no se ha visto a ningún yo que naciendo se encontrara sin mundo…”

En lugar del remanido (mal) dicho “mal de muchos…”, convendría en cambio subrayar, señalar, todo lo hermoso que las vidas de las personas aquí entrevistadas nos han dado...sin animarme a señalar como causa si lo han hecho por o pese a sus luchas y sufrimientos.

Sólo mencionando a quienes testimonian conformando un corpus de reflexiones, se advertirá la importancia del trabajo.

Entre los nuestros, Leonardo Favio, Susana Trimarco, Chicha Mariani, Pilar Calveiro, Osvaldo Bayer, Lohana Berkins, Liliana Herrero, Tata Cedrón, Claudio Tamburrini, Adolfo Pérez Esquivel, Sonia Sanchez, Liliana Felipe, Juan Carlos Gené, Mónica Santino, Vanessa Pil, Victoria Montenegro, Miguel Angel Estrella.

Y entre los también nuestros, Isabel Allende (Chile), Macarena Gelman (Uruguay), Camila Vallejo (Chile), Alejandro Solalinde (México), Alvaro García Linera (Bolivia), El Sabalero (Uruguay), Patricio Guzmán (Chile), Rosalina Tuyuc (Guatemala), Jorge Sanjinés (Bolivia), Amaranta Gómez Regalado (México), Merceder Olivera (México) , Carlos Cruz (México)

Faltan dos entrevistas para completar las 31 que conforman el libro.

Una es la del ya citado textual Mauricio Rosencof, otra la de la contratapista Poniatowska, que en una dedicatoria a Ana en uno de sus libros, estampó: “Con la esperanza de que sigamos haciendo entrevistas, hasta la entrevista final, la de la verdad”.

Me permitiré rubricar aquí estas líneas, referidas a “Historias debidas” (Conversaciones y testimonios), madero de náufrago y de tea alumbradora, con las que la propia Ana Cacopardo, como dedicatoria, me compartió su esperanza, su búsqueda y su lucha: “Con la ilusión de que estas historias iluminen las búsquedas de ese otro mundo posible”.