Google+
Armando Mudrik, astrónomo cultural

ggoldes
Por Guillermo Goldes
@GUILLEGOLDES

Hace algunos años viajamos al Cerro Colorado, en el norte cordobés, con un equipo de documentalistas. Lo integraban entre otros: Leonardo Moledo, uno de los periodistas científicos más brillantes del País, hoy ya fallecido, y Armando Mudrik, un promisorio estudiante de astronomía. Recuerdo que Leonardo entrevistó a Armando acerca de las representaciones del cielo de los pobladores originarios de Córdoba. El programa salió al aire como parte de la primera serie de divulgación científica cordobesa, por canal 10 de los SRT. Su título era: Universo Científico.

 

Apenas al año siguiente, volvimos a viajar con Armando y otro equipo de filmación. Diego Ludueña, Eliana Piemonte y Josefina Cordera eran parte del grupo. Esta vez nos dirigimos a los pueblos de San Cristóbal y Moisés Ville, en la provincia de Santa Fe. La finalidad del viaje era producir un documental sobre creencias astronómicas de los colonos europeos arribados a esa provincia. Se llamó: Un eucalipto en la Luna. El Cielo de los colonos. La asociación entre astronomía, representaciones y creencias me resultaba ya muy interesante.

 

En 2017, tuvimos la suerte de encontrarnos nuevamente con Armando. Esta vez, en la Plaza Cielo y Tierra, el Centro de Interpretación Científica que comparten la UNC y la provincia de Córdoba. Allí nuestro astrónomo cultural fue seleccionado como becario para conducir un grupo de guías. Más pronto que tarde, nos pusimos en contacto. En una de nuestras charlas, comenzamos a indagar sobre diferentes aspectos de sus investigaciones. Lo hicimos en términos que ahora trataremos de reproducir.

 

-¿Armando, qué es la astronomía cultural?

 

AM: Mirá, el término astronomía cultural apareció en los primeros años de la década de 1990. Se utiliza para nombrar un campo académico interdisciplinario. Engloba todos los estudios en los que se abordan como objetos de estudio los conocimientos y representaciones que diferentes sociedades construyen o han construido acerca del cielo. Siempre vinculándolos con los distintos planos de la vida social de esos grupos humanos.

 

La astronomía cultural es entonces una forma de astronomía antropológica, porque estudia el vínculo que diferentes sociedades han establecido entre el paisaje celeste y sus propios aspectos históricos, políticos, económicos y culturales en general.

 

-¿Entonces, es una rama de la astronomía o de la antropología?

 

AM: Es un campo interdisciplinario. Por eso resulta difícil circunscribirlo en un área específica del conocimiento científico. Surgió dentro de la astronomía pero gradualmente la fueron enriqueciendo profesionales de las ciencias sociales como antropólogos, arqueólogos, sociólogos y lingüistas entre otros. Sigue siendo considerada por la academia como una rama propia de la astronomía. Existen instituciones como el Instituto de Astrofísica de Canarias, o aquí en Argentina, la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de La Plata, que cuentan con grupos de investigación en astronomía cultural integrados por astrónomos. Pero a la vez existen grupos de investigación en estos temas tanto en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de la Universidad Nacional de México, por ejemplo, como en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En esos casos están integrados por antropólogos. Así que es difícil considerar la astronomía cultural sólo como rama de la astronomía o la antropología.

 

-¿Qué antecedentes tienen estos estudios, a nivel mundial y en Argentina?

 

AM: Los estudios que se desarrollan en la actualidad en astronomía cultural difieren sustancialmente de los primeros trabajos científicos que se interesaron en abordar la problemática del conocimiento astronómico en diferentes sociedades. Podríamos decir que los estudios que derivaron en lo que hoy conocemos como astronomía cultural son los que desde principios y hasta mediados del siglo XX se realizaron a ambos lados del Atlántico, con el fin de estudiar las orientaciones astronómicas de grandes construcciones arqueológicas como Stonehenge y otros monumentos megalíticos en Europa. También como los antiguos templos en la zona de América Central. Estos primeros estudios terminaron generando el campo de la arqueoastronomía, que intenta estudiar el rol del cielo y sus representaciones en sociedades del pasado, basándose en los restos materiales que subsisten hoy. Es decir, desde una perspectiva arqueológica.

 

Por otro lado, también desde principios del siglo XX, algunos antropólogos estuvieron interesados en las concepciones celestes de sociedades que en aquel momento la academia occidental consideraba como primitivas, como los grupos indígenas de América. Esa calificación, por supuesto, implicaba en realidad una descalificación, realizada desde el etnocentrismo europeo. En Argentina, el antropólogo alemán Roberto Lehmann-Nitsche realizó estudios sobre las astronomías de diferentes grupos indígenas y criollos. Distaban mucho de estar encarados desde la óptica de la astronomía cultural, pero sin dudas fueron el puntapié inicial para las investigaciones que terminarían desarrollando la etnoastronomía, el área de la astronomía cultural interesada en las ideas astronómicas de sociedades contemporáneas.

 

Al principio estos estudios eran realizados por astrónomos, físicos o ingenieros. Pero a partir de la década de 1970 y hasta los años ´90, luego de discusiones que tuvieron lugar en varios encuentros académicos, y con el acercamiento de profesionales provenientes de las ciencias sociales, se comenzó a repensar este tipo de estudios y a considerar que su objeto de estudio eran las sociedades. Las sociedades, y sus formas de crear conocimiento acerca del cielo, y no el cielo propiamente dicho. Por lo que esta perspectiva epistemológica derivó en lo que hoy conocemos como astronomía cultural.

 

-Está claro. El resto de la astronomía, lo más tradicional, el estudio del cielo propiamente dicho…¿no es cultural?

 

AM: Todo conocimiento en relación al cielo, elaborado por cualquier sociedad, está atravesado por diferentes matices culturales y por lo tanto toda astronomía es cultural. En realidad toda la ciencia es un producto cultural. La astronomía académica occidental, o astrofísica que se estudia en las escuelas o universidades, esa astronomía clásica también se considera desde la astronomía cultural como una forma de entender el cielo o el cosmos. Una forma propia de cierto sector social vinculado a la cultura occidental. No la única forma, ni necesariamente la mejor.

 

-Si me permitís, vamos por un momento hacia algo más personal. ¿Cómo afectan a tus estudios tus propias concepciones acerca del Universo, de la vida, de la cultura, de tu vida. Y recíprocamente…

 

AM: Se da un ida y vuelta muy interesante, que es dinámico y siempre valioso. Primero, uno como investigador formado científicamente en la tradición occidental, acarrea concepciones sobre el cosmos, como la famosa separación que la academia ha hecho entre naturaleza y cultura. Esas concepciones se reflejan a la hora de encarar estudios sobre las ideas celestes de ciertos grupos sociales. Lo digo en el sentido de que para nosotros, desde la ciencia occidental, el cielo y los cuerpos celestes conforman un plano distinto al paisaje terrestre. Por lo tanto uno podría sorprenderse al observar que en muchas otras sociedades el conocimiento celeste aparece ligado a conocimientos biológicos o meteorológicos, o existe una continuidad mayor entre el cielo y el paisaje terrestre.

 

En la mayoría de los grupos sociales vemos cruces taxonómicos, es decir puntos de contacto entre categorías que a priori uno pensaría como separadas. Por ejemplo, cuando yo comencé a estudiar las representaciones de los colonos del norte de la provincia de Santa Fe y sus descendientes, intentaba explorar sus conocimientos astronómicos interpelándolos directamente sobre los mismos. Apelaba a preguntarles sobre la observación del cielo en la noche. Con el tiempo me di cuenta de que para entender las ideas que estas personas habían elaborado respecto del cielo, había que considerar sus prácticas sociales, como por ejemplo las actividades agropecuarias. Para esas actividades el cielo, o particularmente la observación de los ciclos de la Luna, eran tenidos en cuenta.

 

Esto me hizo ver claramente que en todas las sociedades el cielo es visto a través de un filtro cultural. Es que el conocimiento astronómico se construye en relación a un contexto social. Por lo tanto desde ese momento pude comenzar a deconstruir las prácticas astronómicas de la academia occidental, y ver cómo la idea de Universo que desde la ciencia se ha elaborado está atravesada por acuerdos y disputas históricas entre distintos grupos que integran la academia. En este caso vale como ejemplo pensar en cómo la categoría planeta, por ejemplo, fue variando a lo largo de la historia de la astronomía. Esto llegó a tal punto que hace pocos años los astrónomos tuvieron que ponerse de acuerdo para definir lo que es un planeta y por lo tanto recategorizar los componentes de nuestro Sistema Solar. La actual categoría de planeta surgió de acuerdos y discusiones entre científicos y por lo tanto es un producto social. El mecanismo que permitió adoptar la nueva definición fue típicamente político: una votación en una asamblea.

 

-¿Cómo se podría hacer para que estos estudios de carácter cultural ganen espacio en los ámbitos académicos más duros, propios de las ciencias de la naturaleza?

 

AM: Un paso importante sería apuntar a que todos los científicos atraviesen una formación epistemológica, que les permita considerar la ciencia como una forma más de entender el Universo. Eso permitiría ampliar la visión, para llegar a ver la ciencia como una práctica social propia de cierto grupo humano. En este caso, los científicos, o astrónomos en particular. No es fácil, porque implicaría bajar de cierto pedestal al conocimiento científico y considerar totalmente válidas las otras formas de vivir y entender el mundo. Vale la pena mencionar que por ejemplo, el Plan Estratégico 2010-2020 de la Unión Astronómica Internacional estimula las investigaciones en el área de la astronomía cultural. Las considera como uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de la astronomía como disciplina científica en países en vías de desarrollo. Por lo tanto, desde ciertas instituciones a nivel internacional algo ya se está haciendo para que los estudios culturales ganen terreno y consideración dentro de la astronomía.

 

-Lo que decís suena muy bien, pero implica modificar los planes de estudio de muchas carreras de grado…

 

AM: Claro, y asumo que no debe ser fácil, pero existen experiencias previas en el mundo. Por ejemplo, dentro del plan de estudio de la carrera de grado de astronomía que se dicta en el Centro de Ciencias Matemáticas y de la Naturaleza de la Universidad Federal de Río de Janeiro, encontramos materias como Evolución del pensamiento astronómico o Difusión de conocimientos astronómicos. Apuntan a la formación epistemológica y comunicacional de los futuros astrónomos.

 

-¿Desde tu punto de vista, cuán condicionados por nuestra particular cosmovisión crees que están algunas hipótesis astronómicas y físicas como la materia oscura, el big bang, la energía oscura? En parte ya lo has insinuado…

 

AM: Quizás para ejemplificar cómo nuestra visión del Mundo permea nuestras hipótesis astronómicas, un caso muy paradigmático sea la búsqueda de planetas extrasolares. Hay que analizar en particular la forma en que se buscaban planetas orbitando otras estrellas de nuestra galaxia hasta hace pocos años.

 

Veamos: hasta la década de 1990, los astrónomos consideraban que, en caso de existir otros sistemas planetarios en nuestra galaxia, serían como el nuestro, como el Sistema Solar. Por lo tanto se trataría de planetas orbitando alrededor de estrellas similares al Sol y siguiendo más o menos la misma distribución de distancias y masas. Esto hizo que cuando en 1990 un grupo de astrofísicos polacos detectara planetas en torno a una estrella de neutrones, que es de una naturaleza totalmente distinta al Sol, la academia lo rechazara radicalmente. Directamente defenestraron al grupo de astrónomos que habían realizado la propuesta.

 

Con el tiempo no sólo se detectaron más planetas orbitando entorno a estrellas raras, sino que también se detectaron planetas que lisa y llanamente no orbitan en torno a estrellas. Por otro lado, y esto es aún más perturbador para los astrónomos, se hallaron planetas muchas veces más grandes que Júpiter orbitando alrededor de estrellas que se encuentran a distancia mucho menor que la que existe entre Mercurio y el Sol.

 

Pero la cosa no termina ahí. La tecnología necesaria para buscar estos planetas gigantes en torno a otras estrellas ya existía muchos años antes de la primera detección realizada. Pero entre los astrónomos existía un concepto de sistema planetario, similar al nuestro, extrapolado a toda la galaxia. Esa idea no fomentaba el uso de la tecnología disponible en el momento para buscar planetas de tamaños superiores a los de Júpiter o Saturno en torno a otras estrellas. Es más, hace poco se encontró en el archivo de placas del Observatorio de Monte Wilson, en Estados Unidos, una serie de espectros tomados en 1917 de una estrella que en aquel momento fue difícil de clasificar. Sin embargo, al analizar hoy la singularidad de esos espectros se comprendió que se trata de una estrella tipo enana blanca, con un planeta orbitando en torno a ella. Como si fuera poco, actualmente los aficionados con pequeños telescopios y rudimentarias cámaras CCD pueden, potencialmente, detectar planetas extrasolares.

 

Resumiendo: hasta hace poco tiempo, la idea que los astrónomos tenían de planeta o sistema planetario restringía la búsqueda de exoplanetas. Por lo tanto nuestras ideas acerca del cosmos atravesaban y limitaban las prácticas astronómicas dentro de la academia.

 

-¿Cómo crees que pueden coexistir las representaciones científicas con otras que no lo son?

 

AM: En el fondo creo que las contradicciones en la coexistencia de visiones del Mundo es sólo un problema para ciertos investigadores. Las distintas visiones del Mundo coexisten perfectamente todo el tiempo en las sociedades. Un ejemplo concreto dentro del campo astronómico es la propia existencia del Observatorio Vaticano. Es una de las instituciones de mayor relevancia en el campo de la astronomía académica. Y depende del Papa.

 

Desde la antropología se considera que si en una sociedad conviven dos visiones del Mundo, esa coexistencia resulta funcional, en el sentido de que en un contexto determinado ese grupo social considerará para ciertos fines una de las visiones del Mundo, y para otro contexto, otra.

 

Para ejemplificar vuelvo al caso de los colonos del norte santafesino, que conozco de primera mano. Muchos de ellos aún observan los ciclos lunares a la hora de cultivar la alfalfa. Sin embargo lo hacen utilizando técnicas desarrolladas desde el conocimiento científico. Por lo tanto vemos allí un caso de coexistencia de conocimientos surgidos de diferentes formas de entender el Mundo.

 

 

-¿Pensás que la ciencia está más cerca de la verdad que otro tipo de representaciones, como las tradiciones, las religiones, las artes, etc.?

 

AM: Creo que sería muy poco interesante considerar la forma científica de entender el Mundo como la realidad o la verdad. Epistemológicamente hablando no tendría sentido hablar de verdad con esa connotación definitiva.

 

Como mencioné antes, desde que consideramos a la ciencia como una práctica social, la visión científica se vuelve una más de las tantas representaciones que distintas sociedades a lo largo de la historia han elaborado sobre el Mundo. Puede que para la sociedad formada científicamente sea una idea difícil de digerir, pero esto es entendible teniendo en cuenta las jerarquías que la misma ciencia fue construyendo en relación a los diferentes tipos de conocimientos que otras sociedades elaboraron o elaboran.

 

-En tu opinión entonces, así como falta cultura científica entre grandes capas de la sociedad, sería también cierto que falta cultura epistemológica entre muchos investigadores de las ciencias naturales?

 

AM: Creo que sí falta formación epistemológica entre muchos investigadores de las ciencias naturales. Muchos no dan cuenta de la ciencia cómo producto propio de cierto grupo social o cultural. Esto lo vemos claramente a la hora de comunicar conocimientos científicos. Muchos investigadores consideran oportuno descalificar otras formas de conocimiento que existen en nuestra sociedad. Y es un grave error, conceptual y también estratégico.

 

-¿Que influencia le asignás a la divulgación científica en todo este proceso?

 

AM: Considero que resulta importantísimo el rol de los estudios de los conocimientos de otras sociedades acerca del cosmos para la divulgación. Y también el rol de la comunicación pública de la ciencia en el avance de la creación de una cultura científica extendida a nivel de la comunicad.

 

Todo esto si entendemos a la divulgación como un diálogo, en el que el desafío es encontrar el idioma apropiado para poder comunicar la ciencia en otras sociedades, crear puentes, vínculos. En ese sentido digo que una disciplina como la astronomía cultural se vuelve clave a la hora de entablar el diálogo entre los conocimientos celestes de distintas sociedades y la visión académica occidental del Universo. Hablo de diálogo, y de crear puentes. Y no de un experto disertando desde un púlpito hacia un grupo de gente que supuestamente no sabe nada. Ese no es el modelo. Y dicho sea de paso, no existe nadie que no sepa nada de astronomía.

 

Si yo entrara a tu casa en Córdoba y dijera: “Dzień dobry! Jak się masz?”…, vos que seguramente no entendés polaco, ¿con que cara me mirarías o que me dirías?

 

-No entiendo polaco y mi cara lo mostraría…

 

AM: Creo que muchas veces pasa lo mismo cuando en determinados contextos, astrónomos divulgan los conocimientos que desde la academia se construyen en relación al cielo que la gente observa. El astrónomo habla en un idioma que el receptor no entiende o que le resulta complicado de interpretar en los términos con el que este último entiende u observa el cielo. Por eso los estudios en astronomía cultural serían de gran provecho: al abordar las formas en que diferentes grupos sociales entienden el cielo, se facilita planificar el diálogo entre los conocimientos que se intentan comunicar. Y entre ellos, los científicos, desde una base de respeto hacia el otro.

 

He tenido varias experiencias personales que me permiten afirmar mi posición. Hace poco al terminar la función del planetario Julio Verne en la Plaza Cielo y Tierra, uno de los adultos que acompañaba un grupo de niños provenientes de zonas rurales del norte de Córdoba, se me acercó y me preguntó: “¿Qué era al final eso que nosotros, allá, llamamos el brazo del río?”. Estaba haciendo referencia a la Vía Láctea. Es uno de los rasgos más llamativos del cielo nocturno, y se señala dentro de la función del planetario.

 

Sin dudas este hombre conocía por tradición como brazo del río ese llamativo rasgo del cielo nocturno que es la Vía Láctea, y fue capaz de reconocer su imagen. Pero al mencionarla en el planetario en la forma en que desde la academia se la conoce, ya había un obstáculo a la hora de comunicar sus características. A veces vamos con la idea de enseñar…pensando que nuestros interlocutores ignoran todo acerca de un tema…pensamos que son como una tabula rasa…pero esa es una idea errónea. Un hombre de campo puede no saber que la Vía Láctea es un conjunto de miles de millones de estrellas, gas y polvo que componen nuestra galaxia. Pero seguramente ese rasgo del cielo le resulta mucho más familiar que a nosotros. Convive con él todos los días. Y eso pasa todo el tiempo. Los nombres compartidos nos dan la ilusión de dominar los objetos nombrados. Pero pueden ser obstáculos si no son compartidos. Lo sabe cualquiera que ha estado en un país en el cual no domina el idioma.

 

-Armando, muchas gracias por tu tiempo. Me alegra ver que en tu trabajo en la Plaza Cielo y Tierra tenés la oportunidad de enriquecer tus conocimientos, sobre todo en base al contacto con gente de diferentes formaciones.

 

AM: Es así, creo que es una de las partes más ricas de este trabajo.

 

Cuando terminamos la charla, mi interlocutor se alejó con paso lento y continúo atendiendo a los visitantes en el Centro de Interpretación. Lo escuché hablar, manteniendo mi distancia. También percibí el respeto profundo con el que escuchaba a los visitantes. En parte, seguramente, un rasgo de su personalidad. Y en parte, también, su herencia etnográfica.

OPINIÓN
mrvilla
Por Miguel Rodriguez Villafañe


gmariani
Por Guillermo Mariani


ggoldes
Por Guillermo Goldes