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24 de Marzo: Los Derechos Humanos como puente

lcrisafulli
Por Lucas Crisafulli
@LUCASCRISAFULLI

En 1977 el libro de cuentos infantiles Un elefante ocupa mucho espacio de Elsa Bornemann fue prohibido por el gobierno militar y sus páginas condenadas a quemarse en la hoguera de la censura. Ernesto, el elefante que ocupaba mucho espacio, era una metáfora de cómo los sueños emancipatorios e igualitarios ocupaban demasiado espacio en una Argentina asfixiada por la persecución y la muerte. Definitivamente en esa Argentina los Derechos Humanos no cabían.

Es a partir de la última dictadura que un conjunto de palabras, entre ellas la más espeluznante, "desaparecido", ya no significarán lo mismo. “Golpe”, “submarino”, “censura”, “picana” ya no son palabras neutras, como casi ninguna palabra lo es, pero particularmente éstas se encuentran cargadas simbólicamente e impregnadas en la memoria colectiva de un proceso histórico que hemos decidido no olvidar.

La fecha del 24 de marzo es un momento para reflexionar sobre un plan económico criminal instaurado hace 39 años mediante un método también criminal, el terrorismo de Estado. El desmantelamiento del Estado Social mediante la aplicación de las políticas neoliberales fue implementado por la dictadura en un momento histórico en el que sólo por el solo poder de las urnas, hubiera sido imposible instituir. Fue necesaria la violencia extrema y sistemática producida desde el Estado para acallar a todas las voces críticas que se hubieran alzado contra dicho plan económico. En ese sentido, el terrorismo de Estado fue el medio – violando sistemáticamente todos los Derechos Humanos de primera generación, los políticos mediante la prohibición del voto en todos los ámbitos democráticos; y los civiles como la vida, la identidad y la libertad mediante las detenciones arbitrarias, la tortura, la desaparición de personas y la apropiación de niños recién nacidos – para llevar adelante un fin, el neoliberalismo – que implicó a la postre, y sobre todo en la década del noventa, la violación sistemática de los Derechos Humanos de Segunda Generación, como la vivienda digna, la educación, el trabajo, la salud, etcétera –.

Entonces, el 24 de marzo es una fecha para recordar lo que nos pasó, para reafirmar lo que no queremos nunca más, pero también es una fecha clave en Argentina para interpelarnos sobre la vigencia actual de los Derechos Humanos.

La sistemática violación de los Derechos Humanos de primera y segunda generación sucedidos en la dictadura cívico militar son un punto de partida para pensar y debatir las rupturas y continuidades de las actuales vulneraciones a los Derechos Humanos. Así, esta fecha clave en la historia Argentina se transforma en un puente entre lo que sucedió y entre lo que sucede.

En los últimos años el Estado ha avanzado en la recuperación de las protecciones sociales, perforando discursivamente y en las prácticas al neoliberalismo, avanzando de esta forma en la conquista de derechos sociales. También se han llevado adelante los importantísimos juicios de Lesa Humanidad.

Pero los Derechos Humanos se siguen vulnerando. Ejemplos de ello, sin intentar una lista exhaustiva son: el aumento de la cantidad de presos, no correlacionándose ni con la tasa de delito ni con el aumento poblacional; no se han producido mayores reformas y modificaciones a las fuerzas de seguridad – provincial y federal –; las detenciones arbitrarias por parte de la policía sigue siendo un tema pendiente en toda Argentina; la tortura sigue siendo una práctica sistemática en los lugares de encierro; el Tribunal Superior de Justicia porteño, en contra de las recomendaciones del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, ha autorizado al gobierno de Mauricio Macri la compra de picanas eléctricas en la prevención del delito; el gatillo fácil sigue siendo una práctica más o menos extendida de las policías locales; la trata de personas sigue siendo un delito de difícil radicación con el silencio o complicidad de las fuerzas de seguridad, dirigentes políticos y funcionarios judiciales.

Incluso, pensar en clave de Derechos Humanos nos permite plantear las conflictivas relaciones entre crecimiento económico y cuidado del medio ambiente, no ya por sus futuros efectos devastadores, sino por los actuales problemas con el desmonte, el calentamiento global, la megaminería, la sojización y la extracción no convencional de recursos energéticos.

Allí el potencial que tiene el discurso de los Derechos Humanos en interpelarnos sobre los que nos sucedió y nos sigue sucediendo como pueblo. 

La persistencia del elefante Ernesto de Elsa Bornemann hace que vuelvan, ahora, los Derechos Humanos en forma democrática. Allí está ese elefante enorme recordando lo que nos pasó, pero también interpelándonos para que su grandeza quepa en esta nueva Argentina. El desafío está planteado.