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“Es lo que la gente ha pedido”

lcrisafulli
Por Lucas Crisafulli
@LUCASCRISAFULLI

Podríamos preguntarnos si las reuniones durante la Edad Media en las plazas públicas en las que la muchedumbre festejaba las torturas públicas podrían ser tildadas de “democráticas”, atento a que era lo que “la gente pedía”. O quizás, esa pregunta tenga poco valor ya que no existía eso llamado democracia en la edad media.

Sin embargo, sí adquiere importancia la pregunta en tiempos actuales ¿Debe el Estado dar todo lo que la “gente” pida”? En su caso ¿es eso democrático?

El sábado pasado la Policía de la provincia realizó un megaoperativo con 1500 policías en distintas barriadas de Córdoba, en el que se detuvo a 350 personas, 345 por infracción al Código de Faltas y solo cinco por delito. Distintas organizaciones sociales denunciaron la violencia del operativo y fue calificado como una razia policial. Como forma de justificación, la policía dijo “Es lo que la gente ha pedido”.

Lo primero que habría que determinar es el significante “gente”, porque se utiliza para apelar a un conglomerado abstracto y confuso. ¿Acaso los detenidos no son también gente? ¿Ellos habrán pedido su detención? ¿Qué gente? ¿Cuántos? Suponiendo que el número sea lo suficientemente significativo ¿pedían un megaoperativo para llenar sin sentido las celdas de alguna comisaría por un par de horas? ¿Acaso en esta democracia policializada es la policía la que debe interpretar los sentidos populares?

Es complejo responder todas las preguntas planteadas, pero haciendo malabares argumentativos para hacerlo, resta por preguntarse si es democrático que la policía haga todo lo que la “gente” le pide. Suponiendo que la institución policial sea la depositaria de las demandas sociales, no todo lo que la “gente” le pida, será democrático. Un Estado de Derecho es aquel en el que sus instituciones se someten a la ley, y la ley de leyes es la Constitución Nacional, que prohíbe las detenciones arbitrarias, las humillaciones y la afectación innecesaria e ilegal a la libertad y a la intimidad.

El sociólogo Boaventura de Sousa Santos advierte sobre una característica que de poco y de forma distorsiva, van adquiriendo las democracias actuales. La llama el Fascismo societal del Estado Paralelo. Se trata de un Estado que se comporta de forma opuesta según intervenga en una zona o en otra. En los territorios catalogados como “civilizados”, el Estado actúa protegiendo a sus habitantes, se comporta como un Estado protector, aunque ineficiente en muchos aspectos, considera a sus pobladores como ciudadanos sujetos de derecho. En los territorios estigmatizados como “peligrosos” el Estado se comporta de forma fascista, considerando a sus pobladores como súbditos sin derecho y objetos sacrificables de los deseos de los ciudadanos de los territorios civilizados.

Córdoba se está pareciendo bastante a ese modelo de fascismo societal del Estado Paralelo. La policía intenta dar respuesta – de forma totalmente ineficiente – a los reclamos de los ciudadanos. Para ello, se comporta como Estado predador utilizando a los habitantes de los territorios “peligrosos” como un objeto sacrificable para satisfacer las demandas de quienes sí son considerados “gente”.