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¿Sombras del pasado?

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

No compararé la actual política económica con las de los ´90, ni con la de la dictadura militar.

Pero sus consecuencias arrojan similitudes que tanto pueden serlo por repetición de hechos que nunca creímos volver a ver, como por oposición porque extrañamos, extrañaríamos, lo que antes veíamos.

En ambos casos, ambas similitudes son señaladas por a voz del pueblo: el folklore.

El primero, es el del peón que le quitó la vida a su patrón, que antes se la había quitado prácticamente a él.

El segundo, la amenaza que se cierne sobre los arbolitos ni muy grandes ni muy chicos que dan un poquito e´sombra a los cansaos del camino. Milongueando, Yupanqui, como siempre canta la justa.

Su “Milonga del peón de campo” dice: “Vivo una vida sencilla,como es la del pobre pión: madrugón tras madrugón, con lluvia, escarcha o pampero, a veces, me duelen fiero, los hígados y el riñón.”

La de “El aromo” describe: “Está en un alto pela'o, no tiene ni un yuyo cerca, Viéndolo solo y florido Tuito el monte lo envidea. Lo miran a la distancia árboles y enredaderas”.

En lo que hace a hechos que creíamos del pasado, ninguno quizás más revelador que el que sigue.

Antes de que le quitara la vida a su patrón, Alberto Bonifacio Martínez, de 72 años, había entregado la suya a su trabajo. Sin vacaciones, sin francos ni feriados, diariamente debía recorrer las 800 hectáreas que su patrón, Jorge Pizarro Costa Paz, (descendiente de Roca) arrendaba desde hacía tres años, en la localidad de San Cayetano. Bonifacio y su mujer, ambos jubilados, sólo salían del campo una vez al mes para cobrar la mínima.

Por su trabajo, cuidar unas 400 vacas, Bonifacio recibía míseros 2.500 pesos mensuales que cobraba con grandes retrasos. Al momento de lo sucedido, se le adeudaban unos 12 mil pesos en concepto de salarios atrasados. Treinta años fueron los que Bonifacio trabajó como peón rural en el mismo campo.

Cómo aclaración, lejísimos estoy de justificar que Bonifacio le haya quitado la vida a su patrón. Claro que cabe preguntarse que lo llevó a eso, ¿cuanta vida le había quitada previamente su patrón?.

En el caso de tener que preveer no extrañar mañana lo que aún tenemos hoy, es claramente representativa la pretendida Ley de Bosques, ahora en manos de la bicameral. Se dice que una nueva ley se aprobaría antes de fin de año, mientras que se denuncia la habilitación para ganadería de dos millones de hectáreas de monte autóctono.

El nombre completo de la norma que se pretende modificar es Ley de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos y Regulación de Bosques Exóticos de la Provincia y los cambios permitirían nuevas prácticas productivas en ellas.

Por un lado desde el Movimiento Campesino denuncian que el proyecto avanza sobre bosques nativos ubicados en “zonas rojas” (no se pueden tocar) y se permiten actividades que "benefician a la mesa de enlace” compuesta por Cartez y la Federación Agraria.

Por otro, la ingeniera forestal Natalia De Luca señaló un costado legal: "Por cuestiones técnicas, la actual ley es inconstitucional. Lo que se quiere hacer ahora es profundizar esos puntos. La ley actual está contrapuesta con la ley nacional y de aprobarse este proyecto, sería aún más profundas esas incongruencias".

Tanto en el caso del peón rural como en el de la Ley de Bosques, un buen semáforo no nos vendría mal.

El desmonte haría pasar la zona preservada de rojo a amarillo.

El peón rural se encuentra en zona peligrosamente roja.

Las fuerzas dominantes quieren activar el semáforo…para tener luz verde.

Por sobre ellos debiéramos hacer pesar las advertencias folklóricas., no en el sentido peyorativo que se le suele dar jibarizándolo a costumbrista.

Sino en su mejor acepción: la voz del pueblo.

Y como se vienen con el mazo dando, nosotros rogando…(no sólo, claro).

Si folklore es la voz del pueblo y vox populi, vox Dei…. 

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