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¿Locas ellas?...¡loco yo!

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Ya  no  quedan  locos,  todo  el mundo está  cuerdo, terrible y 
 
horriblemente cuerdo.  Palabra más, enfermos  de cordura,  palabra
 
menos, enteros de locura, escribió  León Felipe  en  el  momento  en que
 
“una de las dos  Españas  ha de helarte  el corazón”,  vaticinó  Antonio 
 
Machado y cantó  Joan Manuel Serrat. 
 
La verdad poética es eterna,  pero inasible. Como la que antecede.
 
La  científica es efímera, pero tangible.  Como las que siguen.
 
Formando  parte de una  serie de medidas que avanzan aparentemente
 
incontenibles hacia  el abismo  de  un inevitable  retroceso sobre cualquier
 
avance hacia un futuro  colectivo y mejor, aparece en el horizonte más
 
próximo  la ominosa sombra del retorno  al loquero.
 
Se vuelve cruda mentira lo que fue  tierna  verdad
 
La Ley Nacional de Salud Mental 26.657, sancionada en el año 2010, fue 
resultado del  diálogo y acuerdos entre distintos sectores de la sociedad,  y
representa el marco legal para garantizar los derechos y el trato digno de
todos los usuarios del sistema de salud. Su pretendida modificación
alcanzaría  de  lleno a quienes más  necesitan de la protección del Estado.
Otro de los puntos preocupantes del proyecto de decreto es que contribuye
a la reinstalación de los manicomios bajo el nombre de “hospitales
especializados en psiquiatría y salud mental” y permite el aislamiento pleno
de personas a quienes vuelve a denominar “enfermos” como un tratamiento
egido por el “arte médico”.
 
Por  tal  razón, organismos de derechos humanos y colegios y asociaciones
de psicólogos se  oponen  al  proyecto que anularía una ley reconocida
internacionalmente.
 
El  CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) apunta a que  el proyecto
modifica “la concepción de la salud mental” que la ley sancionada en 2010
considera como un “proceso multideterminado por componentes históricos,
socio económicos, culturales, biológicos y psicológicos”, y en su lugar
“reinstala el modelo médico hegemónico de perspectiva biologicista que
resultó insuficiente para un tratamiento integral de los padecimientos
mentales”.
 
Por  su  parte  “La Colectiva”  cordobesa reclama que se cumpla con la
Convención sobre Derechos de las Personas con Discapacidad y que se
asegure la participación de las organizaciones de usuarios de servicios de
salud mental y de personas con discapacidad antes de aprobarse cualquier
acto administrativo que vaya a afectarlas.
 
Finalmente  (casi)  el  psicólogo  Oscar Santini,  cofundador  y  primer
 
presidente del Colegio que los nuclea, miembro de la  Red Latinoamericana
 
de Psicología en Emergentes y Desastres, docente de postgrado y de
 
Extensión  de la Facultad de  Psicología de la UNC, y Director de Salud
 
Mental de la Provincia (2005/2007) ,  fundamentó: “(…) cuando avanza la 
derecha, se trata de focalizar todo en el cuerpo, en la evidencia orgánica,
en el control medicamentosos como centralidad, (…) y lo político, lo
histórico y las condiciones socio-económicas como determinantes de buena
parte de los procesos de salud-enfermedad y del sufrimiento psíquico
quedan descalificados. A partir de ello se centraliza la atención en las
prácticas neurológicas, psiquiátricas, el encierro y los psicofármacos como
forma de control social (…)  sin negar el aporte de los psicofármacos  (pero
evitando) que  se transformen en centralidad negadora de los otros factores
determinantes y que otorgue jerarquía en  quien los utiliza con el resto del
equipo de salud.”
 
Fuera de los  claustros, pero con un pie en el Rectorado y otro en la
 
peatonal, Eduardo Galeano  supo contarnos el porqué llegaba retrasado a
 
recibir el honoris causa con  que la UNC lo había distinguido. 
 
“El avión daba vueltas  y vueltas  y no podía aterrizar. Las nubes lo cubrían  todo. Y en una  de  ellas  vi un  anciano con larga  barba  blanca y túnica
 
 haciendo juego.  Lo saludé con educación laica  y él no me  respondió.” 
 
¿Porqué?, le pregunté.
 
 “Porque Dios  no cree  en mi…”  respondió…
 
Pero nosotros si en vos, charrúa.
 
Y vos,  como nosotros,  en ellas.
 
Porque ya Galeano había  rubricado: “En  Argentina las  locas  de  Plaza de
 
Mayo  serán un  ejemplo  de salud mental porque ellas  se negaron  a 
 
olvidar  en los tiempos  de la  amnesia obligatoria” .
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