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¡Si! o ¿y si…?

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Joseph Rudyard Kipling parece demasiado nombre para un indio.

Parece, pero no lo es si su portador ha nacido en Bombay… pero en la Bombay de la India británica.

Fue el primer inglés en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1907, y el más joven hasta esa época, lo que demuestra que lo peor que hizo Nobel no fue inventar la dinamita, sino el premio. En referencia a un pseudo juego británico como el fóbal, que en realidad heredaron de los normandos, pero que les sirvió para dominar al mundo llegando incluso a conseguir que los votaran las misma inmensas mayorías que ellos mismos dejaban offside, o mandaban directamente al descenso, Kipling aludió a ''las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan'', haciendo jueguito con su ideología ultraconservadora, imperialista y militarista, dominadora colonial de la raza blanca sobre otras más oscuras.

Posiblemente su obra más conocida sea Gunga Din, jibarizada a If (“Si”), un poema, en realidad una narrativa con rima desde el punto de vista de un soldado británico, sobre un nativo portador de agua que le salva la vida, pero al que mira como de una clase inferior.

Por tal motivo, y otros muchos, algunos han comparado a Gunga Din con el Tío Tom, el de la cabaña de Harriet Beecher Stowe.

Tío Tom, Tío Sam, minga de Tío Alberto….

La cabaña tiene dos historias paralelas: la del negro de la casa, el Tío Tom, complaciente y obediente, sin poder imaginar un futuro fuera de la plantación, y el negro del campo, dispuesto a todo para lograr su libertad y la de su familia.

Algunas de las líneas de If parecen remitir, describir, y hasta consolar en una suerte de diario de Irigoyen, al oficialismo en general y a algunas de sus figuras en particular.

Estas frases, estas figuras.

“Si puedes mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor la han perdido y te culpan a ti”, parece describir a J.J. y no López.

Si puedes seguir creyendo en ti mismo cuando todos dudan de ti” y “Si puedes hablar a las masas y conservar tu virtud", parece apuntar más alto: a la cabeza.

Si todos pueden contar contigo, pero ninguno demasiado” pinta como direccionada recíprocamente a los integrantes del dream team, el mejor del cincuentario, en el bicentenario.

Y, finalmente, como siempre, quedan los negros.

Que en la calle y codo a codo, son mucho más que (los) dos, el cabañero y el silvestre.

Resta (más bien suma) saber quiénes y cuántos se quedan en casa, cabañeando, campaneando, y cuantos y quienes están dispuestos a salir campo afuera.
Gracias impensado, Kipling, por otras dos obras suyas.

Porque unos serán los protagonistas de El libro de la selva (1967), dibujitos animados del frizado Disney.

Y los otros protagonizarán El hombre que puedo reinar (1975), dirigida por  John Huston, militar, boxeador, extra en El testaferro y Santos del infierno.

Un detalle para nada desdeñable, las fechas de las dos primeras obras mencionadas: Onganía ´67, Triple A´75.
 

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