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¡¡Grande Luis!!

mlafuente
Por Manolo Lafuente
@MANOLOLAFUENTE

Capaz que nació grande y grandote sabiendo la que se le venía.

Grandote pa´ no parecer tan David ante el Goliat de las corporaciones periodísticas, a las que él sufrió en Remington propia en su inolvidable paso por el desparecido Diario Córdoba, corporaciones que nunca como hoy oprimieron tan salvaje y sutilmente el país: Nicolás Casullo escribió hace como quince años que la prensa era el partido de la oposición.

Grande, como la lucha que fue, es y será, eso y mucha.

Riverista a dos puntas, ninguna Indarte.

De Edmundo, que cantaba como escribía su homónimo D’ Amici, “Corazón”.

De la banda roja, única pituqería fallida que le juné.

Se nos vino del sur el piemontés, como Tosco, pero su absolutamente ilimitada generosidad desmiente el anatema que pende y pesa, sobre los que crecen desde el pie, amarrocando.

Rico en matices, tanto te recitaba “Un soneto me manda hacer VIolante/ que en mi vida me he visto en tal aprieto / Catorce versos dicen que es soneto / burla, burlando, van los tres delante”, como , en plena paritaria, debajo de la mesa y sin mirar artesanaba un clavel que de golpe aparecía en su mano para la mujer más bonita y cercana (en su caso se daban las dos cosas al mismo tiempo, siempre)

La forma era su fuerte, las mujeres su suerte.

La guitarra, la negra Emma (madre del Oso y de Luisito) con unos faroles que te encandilaban y la Negra Sosa con la gola que te hechizaba.

Y la Silvina que le dio a Amadeo (supongo que por Carrizo) y a Franca (supongo que como exorcismo franquista), Silvina homónima de su hermana que parió al “Perrito Rito”, aquel personaje de “Asomados y escondidos”, título que para mí es una extraordinaria síntesis de la gente, antiguamente llamada pueblo, en nuestra historia.

Luis no cabía, porque sólo estuvo escondido cuando lo escondieron los milicos, y asomado estuvo siempre ¡lungo!.

Y ahora, los que no cabemos somos nosotros.

Es muy grande la tristeza, pero más somos los tristes.

Personalmente, no volveré a cantar con el Luis aquellas dos balados cruzadas que nos daba la libertad de ser uno y dos al mismo tiempo: solista y dúo.

Pero nunca olvidaré alguna de esas coplas.

“Soy sueño, soy sueño. De nada soy dueño”. Soy dueño, soy dueño, De sueños, de sueños…” “Baja una nube mientras él sube No tiene apuro”.

Mientras nosotros, entonamos suavecito, porque sabemos que “tal vez será su voz, su voz sí puede ser”.

“Me voy a los cerros, alto. A llorar a solas, lejos. A ver si se apuna el dolor. Subo, subo.

Los ranchos quedaron atrás, las nubes muy cerca ya están. A ver si se apuna el dolor, subo, subo.

La quena muy triste toco Y me habla llorando de vos. A ver si se apuna el dolor, subo, subo…”

Así no nos quedás tan alto ¡¡Grande Luis!!